17 junio 2026

Son las cinco en punto ~y camino por las calles vacías~

 

Amanecer en Tzakapu

 

Escucho la muy especial canción Son las cinco en punto de El niño de Afrodita.¹ Y su letra compagina perfectamente con las emociones que siento:

Es tan difícil de creer que todo esto sea el camino que tiene que ser.

La noche es mi amiga y en ella encuentro simpatía, ella me regala un día, me regala esperanzas y un pequeño sueño también.

La vida es una eterna concatenación de experiencias con sus consecuentes emociones y sentimientos.

El fin de ciclo cósmico que ahora vivimos favorece la retrospección y la definitiva conciencia de lo que ha sido; también nos sitúa en un punto que nos hace voltear a ver y a tratar de entender lo que sigue. En realidad lo que queremos que siga, pero no parece que sepamos realmente lo que deseamos que se realice a continuación; es mucho nuestro desconcierto con respecto a lo que puede suceder. Es demasiada la inercia de lo que hemos venido viviendo.

Lo más importante de todo es que nos falta hacer una importante -central- parte de la tarea con respecto a nuestra vida. No sabemos que boleto comprar para este viaje, pues realmente no sabemos hacía donde vamos; hacía dónde queremos ir.

Y sí, son las cinco en punto. Es el amanecer de un nuevo día.

Cuando Vangelis, Demis y Loukas cantaban esta canción yo era un niño de diez años. Ahora casi sesenta años después medito y vivo intensamente lo indicado por su letra. Y como algo muy especial, me doy perfecta cuenta de la vida que cambia, se transforma; pero nunca se interrumpe.

Y ya abordo del tren que me lleva a mi siguiente destino pasa el inspector revisando los boletos. ¡Es fantástico!

Y sí, son las cinco en punto… 

La noche es mi amiga y en ella encuentro simpatía, y ella me regala un día, me regala esperanzas y un pequeño sueño también.

 

Colofón...

Ahora Enya canta Sólo el tiempo.

 

¿Quién puede decir adónde va el camino? 

¿Dónde fluye el día?

Sólo el tiempo.

 

¿Quién sabe?

Sólo el tiempo.

 

¿Quién sabe?

Sólo el tiempo.

 

ÍÎÏÐ  Ë  ÑÒÓÔ

 

Autor: Fernando Jorge García Asomoza.

 

¹ El grupo musical llamado El niño de Afrodita estuvo integrado por Vangelis, Demis Roussos y Loukas Sideras en 1968.

 

Nación Purépecha.

 

 


11 junio 2026

Campear - Reflexiones a lo largo del camino -

 


Naturaleza y niños binomio a recuperar


Cabronte Huaracha y Homobono Farolache son muy distintos, pero se llevan muy bien; son compadres.

Con regularidad el señor Farolache invita a su camarada a campear. De ánimo sosegado Homobono se entretiene con todo lo bueno, lo lleva en el nombre. Así Huaracha y Farolache son frecuentemente elementos del paisaje, sea de mañana o de tarde las convivencias de estos amigos forman parte de lo natural de la vida y para todos es una feliz experiencia saludarles en el camino.

Tengo ganas de hacer algo distinto dijo Cabronte, de salir de la rutina. Tengo ganas de hacer algo prohibido, indebido o que siempre desde niños nos dijeron no lo hagas, pero nunca hubo precisión sobre la razón de ¿por qué no hacerlo? Sabes querido compadre, ¡ya me canse de ser obediente! A nuestros setenta años ya toca desobedecer ¿no te parece? Los dos dejaron asentarse esas palabras. Y un silencio largo se hizo.

  

Lo que somos de niños nos persigue el resto de nuestras vidas, no importa lo mucho que corramos, al final siempre nos encuentra.

Alaitz Leceaga

 

La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad. Los obedientes deben ser esclavos.

Henry David Thoreau

 

ÍÎÏÐ  Ë  ÑÒÓÔ

 

Autor: Fernando Jorge García Asomoza.

 


Nación Purépecha.

 

 

25 mayo 2026

Me fui a jalar los telómeros


Siempre joven


Nuestra mente es atacada a todas horas. Se busca además que vayamos a dormir con pensamientos basura.

La tecnología ahora omnipresente nos distrae de simplemente Ser.

Casi todo atenta contra nuestra integridad mental, pero está en nosotros manejar nuestra propia vida. Sí, estoy convencido de que la epidemia de estupidez generada y fomentada como prioridad desde hace ya tiempo no puede atacarnos si además de comer frutas y verduras, nos ejercitarnos con rutinas de 太極拳 {Taichí Chuan} y sobre todo usamos bien la cabeza -no nada más para ponernos el sombrero- sino para lo que es su esencia: ¡pensar!  

Son tantas las idioteces que escucho que en verdad parece que la sensatez ha sido desterrada.

El telefonito nos dicta el siguiente paso del baile y nos dice a detalle cual es el movimiento correcto. ¡Ya cansa! Pero la mayoría no puede despegarse de él. Tan pronto despiertan muchos lo toman y no pueden dejarlo ya en todo el día. Conozco gente que ha desaparecido en alcantarillas destapadas al no percatarse del peligro… Pero consuelo me queda de que seguramente se fueron felices en su viaje por el drenaje municipal por el interés que mostraron al no despegar su atención de la pantalla del inalámbrico.

¡Es tanta la estulticia que transita por la Internet! Y fuera de los datos prácticos que ejecutan acciones concretas automáticamente o por conciliación humana lo demás son absolutas mentiras.

Cuando yo era niño se nos intentaba estupidizar con Disneylandia, con Hollywood y con la televisión. Muchos fuimos los que pese a ello logramos conservar la cocorota en condiciones de buen uso.

Como era de esperarse el avance tecnológico nos trajo nuevas herramientas que han hecho muy grata nuestra vida; ahora en casa la ropa, los trastes y los pisos los lavan robots encantadores que ya tienen incluso nombres propios, pues nos hemos preocupado de hacerles sus justas ceremonias de bautizo.

Y el tiempo que ganamos gracias a lo automatizado de muchas acciones lo utilizamos para cosas muy hermosas y gratificantes. Un huerto y un jardín hermoso lo demuestran. Nos dedicamos al piano y al violín también.

Mi trabajo igualmente tiene las ventajas de la alta tecnología y disfruto mucho todos los días así llevarlo a cabo. En mi amado taller se dan cita el glorioso pasado presente en muchas herramientas de mis abuelos y lo moderno de la tecnología digital.

La ilusión del tiempo nos hechiza… Y al compás de su ritmo baila todo el mundo, unos felices y los más espantados se sienten envejecer. Inmediatamente la ciencia mentirosa nos cuenta muchos cuentos para dormir el miedo de aviejarse. ¡Ja! ¡Ja! Ahora la moda es hablar de los telómeros, total; que más da, estos no se ven al desnudarnos. Nos advierten que ellos y su compañera la telomerasa con actividad de transcriptasa inversa revierten las travesuras del tiempo... ¡Je! ¡Je! ¡Je! No se miden en sus fantochadas, y los “expertos” dicen lo que se les ocurre o bien planean para mantener el control.

Yo ya harto de escuchar soberanas estupideces me fui a jalar los telómeros.

 

"La ciencia es un mito, y cuando pretende decir que está más allá del mito está mintiendo."

Antonio Escohotado

 

ÍÎÏÐ  Ë  ÑÒÓÔ

  

Autor: Fernando Jorge García Asomoza.

  

 

Tzakapu, Michoacan.