No hay muerte sólo un cambio de mundos.
Nunca nacimos y nunca moriremos. Lo nuestro es un camino, una danza; un paseo entre dimensiones y reinos diferentes.
En nuestra tradición -un perro o una nutria- guía al espíritu a través del agua de las lagunas a la gloria. Esto se ha dicho de muchas otras formas en los diferentes centros que han cultivado el espíritu, en las culturas milenarias; todas coinciden con diferencia de algunos pocos matices, que enriquecen la apreciación de la gran verdad.
El Anáhuac rico en todo realiza una ofrenda o un altar para recibir la visita de quienes hoy regresan a casa y dentro de nuestra maravillosa cosmovisión tiene rituales establecidos. Abundan la luz, el color, las flores, los alimentos, las bebidas, los objetos amados y el sentimiento a flor de piel. Y así en este reino de dualidad, de opuestos; convivimos de una manera especial y muy atenta con los que han sido; y desde el otro lado ya sin ropa de faena nos abrazan.
Para mí desde hace ya mucho tiempo el reloj y el calendario solamente marcan los ritmos de esta danza vital, pues el instante; el eterno ahora es en dónde me he logrado posicionar. Todos los que se han ido y los que vendrán siempre son.
Fechas como esta son festivales de la memoria y es hermoso recibir la caricia y el cariño de nuestra historia. Me ha sido difícil integrar a todos los actores del apoteósico teatro humano. Pero ya voy completando mi ineludible tarea de abrazar a todos: dioses, héroes, villanos, ángeles y demonios. Todos son y han sido necesarios en este baile de máscaras, en este carnaval de vanidades, de miedos, de luz y de oscuridad. Somos el TODO bailando en la unidad con todos sus fractales. ¡Ya bien lo entendí!
Y esta noche de evocación toca especialmente la emoción que es la cualidad central de este Reino Terrestre; y por eso regresan todos a esta maravillosa tierra al abrazo y a la risa de integración de lo comido, lo bebido, lo jugado y lo bailado; al abrazo con los compañeros de la eterna obra cósmica.
Esta convivencia reconstituyente nos deja a todos en paz para el siguiente compás de la danza y como todo en este rítmico mundo; la obra, la fiesta continúa.
Vivir la eternidad en toda su plenitud es vivir el instante.
ÍÎÏÐ Ë ÑÒÓÔ
Autor: Fernando Jorge García Asomoza.
Nación Purépecha. Noviembre 1°, 2026.


