22 marzo 2026

¡Quiero salir del infierno!

 

 

Los buenos diablos se cansan de hacer carajadas

 

Un pobre diablo vino a verme y me dijo: ¡quiero salir del infierno! Ya no aguanto más.

Le mire a su compungida cara, parecía sincero, esto no es raro en los diablos pobres pues en el fondo son eso: pobres diablos a los que la maldad no les ha hecho justicia {nunca la maldad hace justicia, está en su esencia no poder hacerlo}

Lo primero que se me ocurrió decirle fue una sandez supina: Caray, debiste pensarlo bien antes de ir tú solo a meterte al infierno, cerrar la puerta y aventar para afuera la llave. Desde luego que en nada ayudó al triste y desesperado pingo mi sentencia.

El lacrimoso pillete -como buen irresponsable- espetó: No sabía lo que hacía, la propaganda para ese trabajo ofrecía muchos beneficios y jugosas prestaciones de ley. ¡Pobre! Se creyó todo lo que le dijeron sin poner cacumen de por medio.

Dado como soy, con tendencia fuerte a compadecerme por los demás y máxime cuando estos sufren le aconseje: ve a buscar a un buen cerrajero y que te abra la puerta del infierno -los buenos cerrajeros pueden abrir todas las puertas, es definitivo-: Ah, ¡pero le pagas! No vayas a querértelo carrancear, no te pases de diablo. Otra idiotez esta que acababa yo de pronunciar. Parece que con los diablos es fácil decir mayormente tonterías.

El diablete que no era muy despejado de mente en lugar de conseguir un buen cerrajero se fue a comprar un libro grandote y grueso -con muchas ilustraciones- con el título de: Historia de la cerrajería. Y regresó a mostrármelo para decirme; mira, me ahorré el dinero de pagarle al cerrajero. Este además de pobre y gastar muy mal su dinero era un diantre muy pendejo.

Ya metido en decir y pensar bobadas se me ocurría decirle a este ente travieso alocadón: mira ya pórtate bien para que los mismos diablos directores del abismo te corran del averno. De repente me di cuenta de que esto era una buena solución si mi visitante de aroma sulfuroso lo podía entender. Un buen tipo no va al infierno y si por un desliz va a dar ahí los mismos demonios lo sacan de inmediato pues ese no es sitio para ejercer la bondad: además de ser un pesimo ejemplo para todos los inquilinos del Hades. ¡Definitivo es esto!

Así una vez más en mi exitosa carrera de consultor había yo encontrado una avispada solución.

El habitante del averno pudo salir del suplicio, pues bien lo dijo Giordano Bruno, aunque esto fue la excusa final para que la Maldita Inquisición > Verdadero congreso demoniaco < lo condenara a morir en la hoguera: Dios es tan bueno que al final hasta el Diablo se va a salvar.

Así las cosas el pingo liberado se fue feliz a vivir lo que queda de eternidad.

 

Los diablos cabrones se empecinan en la maldad, pues saben que hacerlo así es vital para su chamba, pues esta tiene fecha de caducidad.

 

ÍÎÏÐ  Ë  ÑÒÓÔ

 

Autor: Fernando Jorge García Asomoza.

 

 

Tzakapu, Michoacan.