Siempre deseamos ver más allá del horizonte
Hoy quiero recordar tiempos en donde la atención estaba en lo que uno hacía.
Lo que uno hacía estaba en función de muchas cosas: se hacía lo que tocaba hacer según la costumbre del momento, lo propio del oficio, de la moral y de las tradiciones aprendidas. Una frase coloquial bien lo expresa: Estaban dedicados a las labores propias de sus sexos.
Cuando uno se permitía ver más allá de lo inmediato y de lo cotidiano; también dedicada su atención a lo que le interesaba y le gustaba hacer. Este tiempo siempre fue luminoso y con acciones altamente confortantes. Pero fue mucho -demasiado- el tiempo dedicado a lo que debía uno hacer. ¿Y qué era lo que uno debía hacer? Todo lo que debía hacerse estuvo dictado desde afuera, lo indicaron las religiones, las tradiciones, la educación familiar, las leyes, la época del año, y un largo etcétera.
¿Y en este tiempo a qué dedicamos nuestra atención?
Desde hace mucho tiempo se nos distrae por diseño, por sistema. Cualquier pretexto es válido, se usa cualquier idea, cualquier concepto; entre más disparatado sea es mejor, porque resulta más efectivo en el objetivo de captar la atención y mantenerla alejada de lo que nosotros desde nuestro Ser deseamos atender y realizar.
Si te dedicas a lo que deseas y amas, te sentirás feliz, por lo mismo florecerás ¡te ira muy bien! Y entonces ya no será fácil distraerte y orientarte para cambiar tu atención, tu liberadora y gratificante ocupación. ¿Te das cuenta?
Bienaventurados los que dirigen valientemente su atención y su energía a materializar sus anhelos, porque su viaje será pleno.
ÍÎÏÐ Ë ÑÒÓÔ
Autor: Fernando Jorge García Asomoza.
Tzakapu, Michoacan.
