Automatizar lo rutinario
Digno de enmarcar…
Desde hace ya muchos años un programa de computadora tabula y controla desde el momento en el que un artículo es pasado a través del lector de código de barras, generalmente en la estación de cobro de una gran mayoría de establecimientos, la contabilidad total; los inventarios detallados quedan actualizados al instante. Además, este mismo sistema informático se comunica automáticamente con el sistema de inventarios de los proveedores para actualizarles y esto acciona sus sistemas de producción de cada tipo y modelo de producto.
Muchas maravillas más son añadidas a estos sistemas administrativos basados en la información y en la comunicación digitales. Nuestras abuelitas muy bien nos recomendaron alejarnos de estos aparatos -refiriéndose específicamente a las computadoras- ya que decían: que una máquina no podía hacer tantas cosas, que adentro debía de tener al diablo… Y sí; estas máquinas en algunas ocasiones tienen verdaderos demonios operando sus sistemas para la guerra y para la manipulación mediática de la sociedad con fines nada edificantes y muy egoístas. Es una pena, pero es también una casi siempre inadvertida realidad.
Por lo anteriormente expresado; ahora -es evidente- el arte está en otras faenas y en expresiones de lo cotidiano. Está en la factura misma de muchas facetas de la computación por ejemplo, en la calidad de las imágenes y de los videos; en la nitidez y la mezcla de los sonidos orquestales, en la inmediatez de la comunicación y de la trasmisión de la información...
Hoy el reto para el alma humana es tomar de todo lo mejor y no enajenarse con lo rutinario.
Actualmente el alma valora más aún los amaneceres, el viento en la piel, el agua de la lluvia en la cara.
Vuelve a tener sentido con el pincel lograr la maravilla de dar forma y color al capturar los cielos, el vuelo de los pájaros, la expresión de los árboles en el paisaje, la armonía de las flores y las actitudes de los animales o los brillos y las características de impactante expresión de los insectos en papeles; con pinceles que guía nuestra mano. Lograr el tono preciso con el arco del violín o al pulsar la guitarra. ¡Sentarnos a tocar el piano sigue siendo una experiencia excelsa!
Expresar emociones por medio del arte pasa a ser liberador en extremo pues nos saca de lo automático.
Y el charlar, el convivir con quién nos nutre no tendrá competencia alguna.
Hacer las pequeñas pero maravillosas cosas como cocinar {hacer pan, galletas, un asado}, cultivar la tierra y comer tus propias verduras, legumbres y frutas. Fabricar algo con tus manos como puede ser una casa para los pajaritos, una sencilla maqueta, un bello objeto útil o decorativo.
Y danzar... La expresión corporal tan olvidada, tan dejada en el armario...
El bendito Tai Chi Chuan siempre gratificante y hoy especialmente oportuno para nuestros cuerpos juveniles, para su coordinación, su equilibrio y su necesaria activación.
Nadar, caminar, asolearse de cara al sol y al natural, bichi como dicen en Sinaloa.
Y saber estar solo también. Vital es esto.
Lo que la oruga llama el fin,
el resto del mundo le llama mariposa.
ÍÎÏÐ Ë ÑÒÓÔ
Autor: Fernando Jorge García Asomoza.
Tzakapu, Michoacan
Domingo de Resurrección